9/11 + 25 AÑOS DESPUÉS
Han pasado veinticinco años desde los ataques del 11 de septiembre del 2001. A medida que aumenta la distancia generacional con aquel día, también aumenta nuestra intención de preservar lo ocurrido, de estudiar sus lecciones y de transmitirlas a quienes hoy ingresan al servicio de bomberos y respuesta a emergencias. Una nueva generación que conoce los hechos, las cifras y la magnitud de los ataques. Pero que no vivió la experiencia, la incertidumbre, la saturación de las comunicaciones, la pérdida de mando, la exposición al colapso progresivo ni la dimensión humana de una respuesta que superó cualquier escenario convencional de entrenamiento. Por eso estas historias deben conservarse. No solamente para recordar quién estuvo allí, sino para comprender cómo se respondió cuando los sistemas fueron llevados al límite. El 11 de septiembre expuso desafíos extraordinarios en comando y control, comunicaciones interoperables, evacuación de ocupantes, coordinación multijurisdiccional, manejo de recursos, control de personal, operaciones en estructuras colapsadas, búsqueda y rescate, colapso estructural y protección respiratoria. También puso frente a los cuerpos de bomberos una realidad que continúa vigente: cuando la magnitud de un incidente supera los procedimientos habituales, la
preparación previa, la disciplina operacional y la capacidad de adaptación pueden marcar la diferencia entre una operación controlada y el caos de una catástrofe aún mayor

Pilar, Los Ríos, Ecuador, bajo la dirección del mayor Santiago
Landázury, jefe de bomberos de esa estación.
Aquella mañana vimos compañías avanzar hacia condiciones extremas mientras miles de personas evacuaban. Vimos comandantes tomando decisiones con información incompleta. Vimos despachadores y operadores de comunicaciones recibiendo llamadas críticas mientras el volumen de tráfico aumentaba al punto de agotar el número de despachadores. Vimos bomberos, policías, paramédicos, rescatistas y civiles trabajando dentro de un escenario en rápida degradación; vimos los límites de los sistemas.
Para quienes pertenecen hoy al servicio de incendios, el 9/11 sigue siendo una referencia obligatoria para analizar pre-planos de edificios de gran altura, redundancia de comunicaciones, sectorización, establecimiento de zonas operacionales, manejo del alcance de control, integración de agencias, equipos de intervención rápida, control de personal, rehabilitación, logística y seguridad del respondedor. Y la respuesta no terminó cuando concluyeron las operaciones iniciales.
Durante semanas y meses, miles de respondedores, trabajadores y voluntarios permanecieron expuestos a polvo, humo, partículas y contaminantes presentes en la Zona Cero. Esa realidad reforzó una lección fundamental para toda organización de emergencia: la protección respiratoria, el monitoreo de exposición, la descontaminación, la vigilancia médica y el seguimiento de la salud del respondedor son componentes operacionales prioritarios, no asuntos secundarios.
Recordar el 9/11 significa también estudiar aquello que debemos hacer mejor. Significa revisar SOPs y SOGs. Significa entrenar las comunicaciones antes del incidente. Significa establecer sistemas claros de responsabilidades. Significa conocer las características constructivas y los riesgos de colapso de las estructuras de nuestra jurisdicción. Significa desarrollar relaciones de ayuda mutua antes de necesitarlas. Significa garantizar que cada bombero comprenda su función dentro del Sistema de Comando de Incidentes. Y significa reconocer que ningún equipo, herramienta o tecnología sustituye la capacitación, la disciplina y la toma de decisiones basada en el riesgo.
De las cenizas de la Zona Cero surgió también una promesa que dio origen a Gear Up Foundation: transformar el homenaje a las víctimas en servicio y para eso creamos programas que fortalecen a quienes responden cuando una comunidad necesita ayuda. Durante estos años, esa visión se ha traducido en capacitación, equipamiento y vehículos de emergencia destinados a cuerpos de bomberos que necesitan fortalecer su capacidad operacional.
Para nosotros, honrar a quienes murieron el 11 de septiembre y a quienes posteriormente perdieron la vida como consecuencia de su exposición durante las operaciones de respuesta significa continuar trabajando para que los bomberos de hoy estén mejor preparados que los de ayer. Cada lección incorporada a un procedimiento puede evitar una lesión. Un entrenamiento puede corregir una falla antes de que ocurra una emergencia real. Una mejora en comunicaciones puede evitar que una compañía quede aislada. Cada sistema de control de personal bien implementado puede ayudar a identificar inmediatamente a un bombero en problemas. Y cada comunidad mejor preparada representa vidas que pueden ser salvadas.
Desde RESCATE, queremos que este especial no sea únicamente una mirada al pasado; queremos que en el futuro mediato sea también una herramienta de aprendizaje operacional. Que los bomberos veteranos transmitan experiencia. Que los nuevos respondedores hagan preguntas e interactúen en futuros blogs y webinars. Que los oficiales revisen procedimientos, que las instituciones evalúen vulnerabilidades y que las lecciones escritas con sacrificio hace veinticinco años continúen formando mejores bomberos y mejores sistemas de respuesta.
Para el equipo de Gear Up, “Nunca Olvidar” significa aprender, entrenar, corregir y transmitir.
A quienes respondieron al llamado aquel día, a quienes no regresaron a casa y a quienes han fallecido posteriormente como consecuencia de aquella respuesta, les debemos algo más que el homenaje póstumo. En Gear Up Foundation pensamos que les debemos preparación, profesionalismo y sobre todo debemos servicio.
Y les debemos también el asegurarnos de que sus lecciones nunca desaparezcan de nuestra historia operacional. Nunca olvidar requiere que todos recordemos siempre.
Uniendo nuestro mundo a través de la hermandad.
Vincent Forras y Mónica Carrera
Fundadores de GUPF




