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Satélites de NASA observan un histórico El Niño en 2026

Por Erica McNamee y Sally Younger | NASA
Publicado el 15 de octubre de 2026
Traducción al español para RESCATE

Leer el artículo original de NASA

Comparación de tres productos oceánicos en los mismos meses de 2025 y 2026: anomalía de temperatura superficial (arriba), longitud de onda visible aparente o color del océano (centro) y anomalía de altura de la superficie del mar (abajo). Las etiquetas señalan indicios de El Niño. Crédito: NASA’s Scientific Visualization Studio; visualización: Kel Elkins.

Un fenómeno menos frecuente que un eclipse solar y más poderoso que cualquier sistema de tormentas individual se está desarrollando este otoño, y NASA lo sigue de cerca.

El Niño es un patrón climático natural que aparece aproximadamente cada dos a siete años y se caracteriza por temperaturas del agua superiores a lo normal en partes del Pacífico ecuatorial. Los científicos de NASA lo vigilan mientras altera los vientos alisios, redistribuye el calor oceánico, modifica los patrones de lluvia y eleva la superficie del mar en algunas zonas del Pacífico.

En octubre, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) señaló que existe un 83 % de probabilidad de que se esté desarrollando el episodio de El Niño más intenso desde 1950. En distintas partes del mundo, agricultores, bomberos y comunidades costeras ya experimentan sus efectos de diferentes maneras.

Acompáñenos a recorrer estos mapas mientras NASA sigue a El Niño desde su epicentro en el océano Pacífico ecuatorial.

Cambios en la altura de la superficie del mar.-

El mapa compara las condiciones oceánicas de 2025, un año de La Niña débil, con las de 2026. El azul representa niveles del mar inferiores a lo normal; el naranja y el rojo, niveles superiores. Fue elaborado con datos de altimetría de los satélites Sentinel-6, que miden la altura del agua de todo el océano cada diez días, con precisión de fracciones de pulgada. Crédito: NASA’s Scientific Visualization Studio.

Una de las primeras señales apareció en las imágenes satelitales de enero de 2026, cuando se detectó cerca de Micronesia, en el Pacífico occidental, una acumulación de agua cálida conocida como onda de Kelvin. Estas ondas son pulsos de agua de movimiento lento que se extienden miles de kilómetros. Como autopistas submarinas, transfieren calor de oeste a este a través del Pacífico. El agua cálida calienta el aire situado directamente encima y lo hace ascender.

El cambio en la presión atmosférica debilita, o incluso invierte, los vientos alisios, que normalmente soplan en sentido contrario, desde América hacia Asia. Esto hace que el nivel del mar en el Pacífico oriental aumente aún más y que sus aguas se calienten todavía más. Esta reacción en cadena indica el comienzo de un episodio de El Niño.

El mapa muestra que, a principios de abril, esas ondas de Kelvin habían llegado al Pacífico oriental y la temperatura de la superficie del mar había comenzado a aumentar. El agua cálida se expande y eleva el nivel local del mar, en algunas zonas hasta entre 30 y 40 centímetros. En la visualización se observa cómo el agua, más alta de lo normal, avanza hacia Sudamérica y luego se desplaza por la costa hasta California. Alrededor de Indonesia y del norte de Australia se observan niveles entre 15 y 20 centímetros inferiores a lo normal.

«Las ondas de Kelvin son como el latido de El Niño», señaló Josh Willis, científico del proyecto de misiones del nivel del mar en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de NASA, en el sur de California. «Y nuestros satélites del nivel del mar nos permiten mirar dentro del océano y observar cada latido».

Desde 1993, los científicos utilizan la altimetría satelital para seguir la altura del océano con una precisión extraordinaria. Ese registro continuo de datos prosigue hoy con los satélites Sentinel-6. Sus altímetros de radar de última generación observan millones de kilómetros cuadrados de océano en un solo día y complementan los sensores oceánicos y las boyas de NOAA que flotan y se sumergen en el agua.

El calentamiento de las aguas del Pacífico.-

El mapa compara las temperaturas de la superficie del mar en 2025, un año de La Niña débil, y en 2026. Los datos proceden de instrumentos satelitales, boyas y sensores instalados en buques. Crédito: NASA’s Scientific Visualization Studio.

El agua marina más cálida de lo normal es uno de los indicadores más conocidos de El Niño. Las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico oriental ya se sitúan aproximadamente 1,7 °C por encima del promedio de largo plazo y podrían aumentar otra fracción de grado en los próximos meses, explicó Willis.

Los satélites equipados con radiómetros de microondas e infrarrojos pueden observar a través de las nubes o entre ellas para medir la energía térmica de la superficie del mar. En 2026, los satélites cartografiaron la franja de agua más cálida de lo normal a medida que se expandía durante la primavera. Esa franja, representada en rojo oscuro, se extiende por millones de kilómetros cuadrados desde el centro del Pacífico hasta la costa de Sudamérica. Las temperaturas oceánicas pueden influir en los patrones meteorológicos de todo el mundo.

El aire situado sobre la superficie del agua transporta calor y humedad hacia la atmósfera, favorece la formación de tormentas de lluvia y reorganiza los patrones meteorológicos a escala mundial.

El océano se vuelve más azul.-

El mapa compara la longitud de onda visible aparente de 2025, un año de La Niña débil, con la de 2026. Este producto de datos del satélite PACE de NASA utiliza información del color del océano obtenida por el Instrumento de Color del Océano. Crédito: NASA’s Scientific Visualization Studio.

Las aguas cálidas de El Niño también cambian el color del océano. Un satélite de NASA sigue estas variaciones sutiles de tonalidad: durante los últimos meses, las aguas del Pacífico ecuatorial se han vuelto más azules de una manera que puede medirse.

«Algunas personas piensan que el agua es simplemente azul, pero resulta asombrosa la multitud de colores que puede tener el océano», afirmó Matthew Kehrli, uno de los científicos principales del equipo del satélite PACE —Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos— en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de NASA, en Greenbelt, Maryland.

Ese espectro se debe en parte a organismos microscópicos llamados fitoplancton, que constituyen la base de la red alimentaria marina. Existen miles de especies de fitoplancton, con tonalidades como azul verdoso, marrón o verde. Este año, esas tonalidades disminuyen en zonas del Pacífico a lo largo del ecuador que normalmente albergan abundante fitoplancton y, por ello, tienen un aspecto más verde.

Este es un efecto esperado de El Niño. El fitoplancton prospera en aguas frías y ricas en nutrientes, pero durante un episodio de El Niño el debilitamiento de los vientos alisios reduce el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes hacia la superficie. Con un suministro limitado de alimento, disminuye la abundancia de fitoplancton. Ese descenso puede desencadenar efectos en cascada en la red alimentaria marina y obligar a otros organismos a trasladarse hacia nuevas zonas de alimentación.

El episodio de El Niño de este año es el primero desde el lanzamiento de PACE, en 2024, lo que permite obtener nuevas perspectivas del fenómeno. Su Instrumento de Color del Océano observa el mar en color hiperespectral, a través de varios cientos de longitudes de onda de luz visible, infrarroja cercana y ultravioleta, y vigila casi en tiempo real el fitoplancton y otros cambios del color del océano.

Con los datos de PACE, los investigadores calculan el color promedio del océano y simplifican los espectros de luz en un único valor, conocido como longitud de onda visible aparente.

El mapa de 2026 muestra cómo se reduce la zona verde a lo largo del ecuador en el Pacífico occidental, mientras una tonalidad más azul ocupa su lugar, señal de una menor cantidad de fitoplancton. En cambio, el mapa de 2025 muestra que la sección verdosa se mantiene estable con el paso del tiempo.

«Uno tiene expectativas sobre lo que cree que va a ocurrir», dijo Kehrli. «Pero ver visualmente los resultados en los productos de datos con los que se trabaja en tiempo real es gratificante».

Los científicos de NASA continuarán vigilando las señales y los efectos de este episodio de El Niño con su flota de satélites de observación de la Tierra.

«El Niño nos afecta a casi todos de alguna manera cada vez que ocurre», expresó Willis. «Aunque muchos han visto lo que puede hacer, miramos al océano para comprender por qué».

Fuente y créditos.-

Texto original: NASA Science, Erica McNamee y Sally Younger. Edición original: Jenny Marder. Fecha: 15 de octubre de 2026. Traducción al español para RESCATE. Las cifras y referencias temporales corresponden a la publicación original.

Visualizaciones originales: NASA’s Scientific Visualization Studio. Visualizador: Kel Elkins (Science and Technology Corporation).

artículo original: https://science.nasa.gov/earth/nasa-satellites-observe-historic-2026-el-nino/

visualizaciones y descargas: https://svs.gsfc.nasa.gov/5683/

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